Erika Strecke - Psicoterapeuta Humanista

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Ahora sí veamos lo que son los ataques de pánico

  

 

 

Imagínate que de repente la alarma de incendio de tu casa empieza a sonar. Tú corres como loco tratando de encontrar dónde está el fuego. En vez de eso, te das cuenta de que no hay ningún incendio y de que la alarma no está funcionando bien.

Eso mismo ocurre con los ataques de pánico. Tu cuerpo por error desencadena su sistema de alarma cuando no hay peligro. Esto se puede deber a un desequilibrio químico en tu cuerpo, también puede estar relacionado con un recuerdo inconsciente, con el efecto secundario a un medicamento o con una enfermedad.

Son episodios inesperados y repetidos de terror intenso y abrumador sin un motivo aparente.

 

 

Los síntomas de un ataque de pánico son:

  • Aumento de la frecuencia cardiaca
  • Temblores o sacudidas musculares
  • Sensación de ahogo o falta de aire
  • Presión en el pecho
  • Náuseas o molestias abdominales
  • Inestabilidad, mareos o sensación de desmayo
  • Sensación de irrealidad o despersonalización
  • Sensación de hormigueo
  • Escalofríos o sofocaciones
  • Miedo a perder el control o volverse loco
  • Miedo a morir
  • Vergüenza
  • Depresión

 

 

Deben presentarse por lo menos cuatro de los síntomas anteriores para diagnosticar un ataque. Además deben irrumpir de modo brusco, alcanzando su máxima intensidad en los primeros diez minutos aproximadamente para luego decrecer en forma rápida. 

 

En un segundo percibimos esta dificultad anómala, podemos observar los efectos de la taquicardia, nuestra respiración parece ser incómoda y los mecanismos automáticos de control del ritmo respiratorio deciden hacer paradas bruscas que nos desconciertan. Se ha disparado nuestro sistema de alarma como esa de la tienda de al lado que se conecta un día de viento sin más ni más. 

 

En un segundo notamos el encendimiento que produce en nuestro cuerpo el estado de activación general (pensemos, por ejemplo, en la reacción que sentiríamos ante un susto intenso y repentino, como ver aparecer un perro en nuestra habitación o que se rompieran los vidrios de una ventana, una explosión, etc.). 

 

Pero como nada pasa en el exterior, pensamos ... ¿qué me sucede?, ¿me estaré muriendo?, ¿será esto un ataque cardiaco, colapso respiratorio, embolia cerebral?, ¿será esto que tengo un ataque de locura?, ¿cómo me puedo morir ahora sin haber hecho testamento o dejado las cosas sin arreglar?, etc. 

 

Pensar este "diagnóstico" no es precisamente tranquilizador... Así que si ya estamos "encendidos", creernos en grave peligro acaba de provocar un incendio. Estamos en pleno pánico. Sube el nivel de ansiedad provocando más efectos espectaculares (temblor de piernas, sensación de vértigo, rigidéz de nuca, visión borrosa, sensación de flotar y de irrealidad.

Típicamente, los ataques de pánico ocurren de forma espontánea, sin motivo aparente. Pueden ocurrir en cualquier momento, incluso durante el sueño, y dado que no se puede predecir cuándo se producirá el ataque de pánico, muchas personas viven en un estado de preocupación continua temiendo que puedan sufrir otro ataque en cualquier momento.

La mayoría de los ataques de pánico duran solo unos minutos pero, ocasionalmente, puede llegar a prolongarse hasta 10 minutos y, en casos muy raros, se sabe de algunos que han durado hasta una hora. Sin embargo, al paciente le parece que se trata de una eternidad.